El doctor Cormillot redescubrió el tap y hasta lo bailará en público
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Diario Perfil, 1 de abril 2007

Alberto Cormillot y Alberto Agüero. MI MAESTRO. Agüero lo prepara para el debut. Foto M. Aballay/Diario Perfil
Creció en una familia musical y como muchos de su generación, deslumbrado con las películas de Fred Astaire, fantaseó con bailar algún día como el protagonista de “Sombrero de copa” y “Ritmo loco”. En una conferencia con mil asistentes habló sobre “las cuentas pendientes personales” comentó ese sueño postergado y una oyente lo desafió a cumplirlo. Y lo hizo. Hace un año que toma clases de zapateo americano con Alberto Agüero y a fines de mayo, se subirá con bombín y zapatos con chapitas al escenario del Centro Cultural Borges para bailar en el marco del Día Internacional del Tap.
Maria Jose Puchettta
¿Cómo imaginarse a un músico de heavy metal encarnando algún personaje clásico de una obra de Shakespeare? ¿O un cantante lírico trabajando como jinglero de comerciales populares? En esta época, cualquiera de estos planteos probablemente sean reales, casos evidentes que demuestran que los estereotipos son parte de un pasado muy lejano.
El caso del doctor Alberto Cormillot, que tres veces por semana juega a ser bailarín de tap, es una perlita dentro de una catarata de ejemplos. “Cuando era chico, veía las películas de Fred Astaire, y pensaba que algún día aprendería a bailar zapateo americano”, admite el famoso médico, bastón y sombrero bombín en mano, en un descanso de la clase que toma en su clínica de Núñez. Tiene un profesor de lujo, Alberto Agüero, bailarín y mimo profesional con más de treinta años de trayectoria en el ambiente artístico.
Armstrong, play it again. Desde hace un año, el doctor cuelga el guardapolvo níveo en una percha durante una hora y media hasta tres veces por semana, para calzarse pantalón y camisa negros y los clásicos zapatos con “chapitas” al tono. A medida que los minutos pasan y la clase se consuma, el amateur logra conservar todo su “charme” a pesar del desgaste propio de la actividad. Perfeccionista a ultranza, cuando cree que no dio correctamente el paso o el giro marcado, él mismo pide volver a empezar la secuencia. “Para mí significa un desafío que intento cumplir con muchísimo empeño y entusiasmo. Hay que tener constancia y no darse por vencido, por más difícil que te resulte”, explica “Cormi”, tal como lo llaman por los pasillos el staff de la clínica. “Hay que adquirir un grado de tolerancia suficiente como para hacerle frente a la frustración, sino tenés que dedicarte a bailar salsa, que es de por sí una danza más libre que el tap”, explica el doctor que, además, toma clases de tango con Mora Godoy. Su profesor y tocayo, es el que le agrega la cuota de fiesta y swing a la clase porque Cormillot es más niien un shaolin, pura disciplina, concentración y alguna sonrisa para rematar el final de una coreografía. “El zapateo americano tiene que gustarte mucho; no se lo recomendaría a todo el mundo”, destaca.
La música suena otra vez nuevo, maestro y alumno chasquean los dedos y la rutina de baile recomienza. La melodía de Louis Armstrong transportan a otra dimensión, sin perder de vista las marcaciones deAgüero.
Reto y desafío. “Estaba dando una charla frente a más de mil personas de todo el país, hablando sobre las cuentas que solemos dejar pendientes con nosotros mismos. El ser humano pospone continuamente”, explica desde su rol médico. “Solo bastó que ejemplificara con mi experiencia personal: confesé al público mis deseos de aprender a bailar tap. Una chica se levanta y me desafió a resolver esa postergación. Por supuesto acepté el reto y en la reunión siguiente hice una pequeña rutina de tap. Después me enganché”, admite orgulloso Cormillot. “Además, como actividad física, el tap dancing como yo lo llamo, me parece extraordinario. Es necesario tener constancia y no desalentarse enseguida si las chapitas no suenan ‘limpias’ o si vas a destiempo con la música”.
Reflejos y concentración. Cormillot también encuentra otros beneficios al tap, más allá de la cuestión física: “Por ejemplo, cuando bailo me permito el lujo de apagar los celulares. Es muy bueno para la cabeza porque también se pone a prueba el nivel de concentración. Después de un año de clases regulares, me crecieron las pantorrillas; volví a sentir la misma fuerza en las piernas como cuando era un muchacho. Además, se trabaja muchísimo la parte superior del cuerpo. Te ayuda a mantenerte erguido, con el mentón en alto y te prepara para todo terreno. Y hasta se agudizan los reflejos”, afirma el doctor.
Hace unos días, en el programa se cayó de uno de los decorados; su reacción instantánea amortiguó la caída y enseguida pensó en los reflejos desarrollados por el tap. “El ejercicio físico en coordinación constante con el cuerpo disminuyen las chances de lastimarse o quebrarse algún hueso”.
