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Entrevista a Marcel Marceau y Alberto Agüero

LA REVISTA del mundo, 7 septiembre 1987

Marcel Marceau visita a Alberto Agüero en su espectáculo "El circo de Alberto Agüero", con su madrina de espectáculo China Zorrilla. [Foto Marcelo Dubini]
Marcel Marceau visita a Alberto Agüero en su espectáculo "El circo de Alberto Agüero", con su madrina de espectáculo China Zorrilla. Foto Marcelo Dubini

"El circo de Alberto Agüero". [Foto Marcelo Dubini]
"El circo de Alberto Agüero". Foto Marcelo Dubini

El gran mimo francés visitó al artista argentino en su espectáculo, que también se presentará en el interior de nuestro país y en el exterior.

La reciente visita a nuestro país del célebre mimo francés Marcel Marceau, despertó innumerables expectativas en el público, que ya había conocido su arte inigualable en las temporadas que hizo en el Cervantes y el Odeón (entre otras). También despertó inquietudes aun mayores en quienes aún no lo conocían. En su sexto viaje a Argentina, presentó su espectáculo en el teatro Broadway.

Marcel Marceau es el máximo representante del arte del mimo. Tiene don innato, logrado a través de una estrictísima labor de continuo perfeccionamiento para este arte. Incursionó muy temprano en la carrera de actor, hasta que re conoció su verdadera pasión: el mimo. Se preparó con maestros como Etiénne Decroux y Charles Dullin, hasta formar su primera troupe en 1948. Y desde entonces ha recorrido el mundo incansablemente. Filmó para cine y TV, en Esta dos Unidos, Francia e Inglaterra. Y aunque ha estado en continuo estudio; en 1978, habilitó formalmente la Escuela de Mimodramade París, que él dirige.

Esta vez nos trajo una serie de sketches representados por el personaje que lo hizo famoso, “Bip”. “Bip es a Marcel Marceau como Carlitos a Charles Chaplin”, dijo acertadamente un colega.

Pudimos entrevistarlo cuando, después de ver la obra de un importante mimo nacional, “El circo de Alberto Agüero”, se acercó a los camarines para felicitarlo personalmente.

—¿Qué le pareció el espectáculo de Agüero?

—Muy bueno, y excelente la combinación de mimo y zapateo americano. El vestuario es novedoso e imponente.

—¿Qué consejo daría a quienes son mimos o intentan serlo?

—Estudiar y perfeccionarse mucho. Conocer las máximas posibilidades expresivas; son el único medio para llegar a los demás.

—Se queda pocos días entre nosotros. ¿Cómo lo recibió nuestro público?

—Siempre ha sido un público cálido e inteligente, y en esta oportunidad no varió.

Con gran tranquilidad, nos repregunta

—¿Han visto mi espectáculo?

—Espero verlos, y ya debo correr al teatro. El maquillaje y mi preparación, llevan más de dos horas... Es una norma que jamás traiciono, es parte del compromiso con mi público.

—¿Al mismo estilo del teatro noh y kabuki, en que los acto res se preparan por horas antes de salir a escena?

—De ellos soy gran admirador y he aprendido muchísimo.

Después del revuelo por la presencia de Marceau, hablamos con Agüero.

—El es y ha sido el maestro en este arte, así que fue un honor inmenso para mí que se acercara y su aprobación un halago inesperado.

Alberto Agüero comenzó hace muchos años sus estudios de teatro y danza, en su Tucumán natal. Hace más de veinte que se ha radicado en Buenos Aires, en donde egresó de la Escuela de Arte Elizondo. Fue alumno de Noemí Coelho y de excelentes profesores de zapateo americano.

—¿De cuándo datan sus primeras presentaciones?

—En 1971, presentamos ‘Absurdos y conos’; en 1972, ‘La lección’ de Ionesco, en el Teatro San Martín. Y luego se trabajó intensamente en el grupo, haciendo puestas anuales muy breves en el teatro Coliseo, hasta 1984 en que comenzamos con ‘El circo...’.

—¿En qué se basa el espectáculo?

—Está basado en los circos de aserrín y lona, que con cierta nostalgia recuerdo haber conocido durante mi infancia.

—¿Tienen algún proyecto inmediato?

—Hay varias invitaciones del extranjero, pero antes tenemos un contrato pendiente con Estados Unidos y una gira al interior de nuestro país que ya está programada.

—¿Y en lo particular?

—Un trabajo con China Zorrilla, para hacer la coreografía de una linda comedia: ‘Paso a paso’.

Suena el timbre de la segunda función, y antes de que su partenaire se lo lleve a escena, le preguntamos:

—¿Es difícil manejarse con un lenguaje de manos, el no poder recurrir a la palabra?

—Es más exigente diría yo; no nos olvidemos que el código del gesto, el lenguaje corporal es tan importante como la palabra. A veces no tenemos palabras para decir, y recurrimos al apoyo importante del gesto. Cuando alguien nos dice "te quiero,..." lo miramos y a través de sus ojos reconocemos si hay verdad o no en sus palabras.

Alicia García Barral
fotos: Marcelo Dubini