Buscate!

El buen gusto reditúa

La Nueva Provincia, Bahía Blanca
www.lanueva.com.ar
LA NUEVA PROVINCIA, Bahía Blanca, Jueves 8 de septiembre de 1988
Bahía Blanca cultural

Carlos Carrizo

EL CIRCO DE ALBERTO AGÜERO”: espectáculo. de mímica, danza y música en 17 cuadros. Intérpretes: Víctor Bevilacqua, Mónica Pavoli, Mónica Calabró, Cecilia Barbona, Carmen Márquez, Liliana Castagnola, Miguel Mancuso, Carlos Alvarez, Marcelo Verde, Eduardo de la Torre, Patricia Sanucci y Joaquín Baldin. Asistente de coreografía: Mónica Pavoli. Vestuario: Alberto Tarditti. Máscaras: Elba Bairon y Edgardo Veltri. Asistente de dirección: Luis Olcese. Idea, coreografía y dirección general: Alberto Agüero. Lugar: Teatro Municipal.

No es habitual encontrarse frente a un espectáculo original y creativo como el que ideó el actor, mimo y bailarín Alberto Agüero. Generalmente se observan musicales donde campean las fórmulas ya conocidas, a veces lindantes con lo cursi o con la característica de lo improvisado. Esto no ocurre en lo visto sobre el escenario del Municipal, fruto de un evidente esfuerzo y dedicación en ofrecer un producto serio, de connotaciones artísticas y pensado para respetar al público, tanta veces mal tratado e inferiorizado.

Para contar su historia, simple, directa, Alberto Agüero apeló al lenguaje gestual y a la danza. No se pronuncia palabra alguna. En realidad no es necesario, porque tampoco el circo las tiene. De allí que sus personajes son reconocibles como buenos y malos por sus actitudes, no por sus parlamentos.

En una lectura del espectáculo, hay evidentes puntos de contacto con la filmografía de Fellini, pero sin caer en el grotesco del realizador italiano y sin sus habituales simbolismos.

La historia se inicia con la aparición de un circo, la instalación de la carpa y la actividad de todos sus personajes, incluyendo los animales. Son 17 cuadros a través de los cuales emana la expresividad del disciplinado grupo de bailarines, mimos y actores al mismo tiempo, que no denota puntos débiles. Todos se entregan por igual y dan el ejemplo de actuar con fe y confianza en sus propios recursos, que son múltiples y ricos en matices histriónicos.

Tras la atmósfera de divertimento que tipifica al espectáculo, subyace una sólida técnica que permite hacer fácil lo difícil. Mímicas, piruetas, saltos y contorsiones se suceden a lo largo de la narración, salpicadas con impecable e impactante trabajo coreográfico, donde descuella el tap-dancing tan conocido de las comedias musicales de Hollywood. Este es un aspecto que otorga una atracción especial al Circo de Agüero.

Hay momentos del espectáculo de muy buena calidad interpretativa, sin significar ello un desmedro para los restantes. Vale la pena citar los números referidos al prestidigitador (Agüero y Joaquín Baldin), el S t r i p t e a s e (Alberto Agüero) y el de los monos amaestrados (Víctor Bevilacqua, Mónica Calabró y Carmen Márquez).

El Circo de Alberto Agüero tiene, por sobre todo lo reseñado, un encanto especial que atrapa del principio al fin. Convoca a toda la familia, sin discriminaciones de edad o capacidad intelectual. Es simple, como la vida misma. Tiene humor y es optimista.

No es ajena al éxito que viene logrando desde su estreno, en 1985, la capacidad de su hacedor, que durante muchos años desarrolló su labor en silencio sin notas “de tapa”, dedicándose al duro aprendizaje de ser un actor lo más completo posible. Y todavía no se conforma con lo mucho que sabe de teatro. Sigue nutriéndose en variadas disciplinas, en la seguridad de que su talento emergerá por sí solo, por propia gravitación. Su circo abre una etapa que será seguida por nuevos y mejores espectáculos, dignos de ser ofrecidos en cualquier ciudad del mundo.

Nuestra calificación: E, excelente