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Toda la magia de Agüero

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La Nación, publicado en la ed. impresa: Espectáculos Domingo 25 de agosto de 2002

Alberto Agüero
El creador de "El circo" vuelve a deslumbrar con su fantasía y con la combinación de diversas técnicas

Espectáculo coreográfico. "La cremallera de Alberto Agüero". Con A. Agüero y su compañía. Integrantes: Irina Clochco, Diego Funazzi, Maximiliano Pellizza, Alan Pustilnik, Romina Rozenszajn y Agostina Sturla. Vestuario y realización de tocados de Charly. Máscaras de Edgardo Veltri, Elena Bairon y Liliana Jara. Títeres, gentileza de Sergio Rowen. Dirección general: Alberto Agüero. Los sábados, a las 21, en el teatro Margarita Xirgu, Chacabuco 875.

Nuestra opinión: muy bueno

Personalidad con una visón diferente del espectáculo, Alberto Agüero utiliza sus diversas estudios (mimo, teatro, jazz, pantomima, expresión corporal y tap) en trabajos polidisciplinarios. Aunque en sus inicios, en 1974, se dedicó a la actuación en versiones libres de fuertes obras -como "La lección", de Ionesco-, se encaminó luego al show musical. Prueba de su ingenio fue su imborrable obra "El circo", que montó en 1985.

Su carrera ha sido constante en el montaje de nuevas piezas, fruto de su insaciable amor por el arte y por su inquietud por entregarlo sobre un escenario.

Ahora presenta los sábados, a las 21, en el teatro Margarita Xirgu, "La cremallera de Alberto Agüero", nombre que alude al cierre que se utiliza en la ropa. Pero en este caso, es un invisible elemento que abrirá las puertas de la ilusión y que, una vez liberada, dará lugar a que personajes de distinta índole mezclen pureza, dulzura y malignidad.

Vestido de payaso, con los típicos enormes zapatos, amplísimo pantalón, peluca enmarañada y un botón rojo como nariz, Agüero es el hilo, el productor de las ideas que se concretarán en el espacio escénico. El comienzo habla de la realidad, de las calles en las que los jóvenes por diversión toman cualquier elemento para hacer ruido, bailar y divertirse. Juegan con enormes tanques del tipo de los que se usan para querosene, en una rítmica y estruendosa competencia, que tiene reminiscencias de "Stomp". El rock también es parte de esto y de la catarsis alocada que quema la energía de la adolescencia.

Luego vendrán los personajes de ensueño, bailarines con antifaces al estilo comedia del arte. Ellos, con gracia burlona, realizan acrobacias y las mujeres, en ajustados maillots, realizan inverosímiles figuras que se ubican entre el contorsionismo y la gimnasia. Pero lejos de ser sólo una ilustración de aptitudes en flexibilidad y sincronismo, está la expresión, ya que forman escenas que tienen un breve y efímero argumento en las que cada uno tiene un papel lleno de emotividad.

En los números "El mar" y "La perla", con un ir y venir de movimientos suaves, algunos de los integrantes, sobre el suelo, imitan el oleaje y otros, aparentando peces, se mezclan en un bello baile "acuático".

"El manipulador" tiene aires de gigoló y, como buen controlador, hace difíciles malabares con pelotitas que jamás se le escapan. Para dar paso al zapateo americano, Alan Pustilnik, en su solo, baja y sube por una escalera haciendo artilugios con las chapitas, con las que copia modelos de clásicas comedias musicales.

El vuelo de la imaginación

En la segunda parte, la imaginación vuela más alto. Un historia que involucra a tres malvados -incluyendo al diablo- que acosan a la etérea equilibrista hace que el payaso y un pequeño ángel acudan en su ayuda promoviendo el contraste de movimientos más fuertes con los suaves y tiernos de los otros.

Otra serie de secuencias mostrará la excelente modulación corporal de Agostina Sturla, "convertida" en pájaro. También, la habilidad del elenco para bailar con aros tipo hula hula, que recorren sus cuerpos de arriba abajo, y la de provocar caleidoscópicas imágenes con las largas cintas que las chicas manipulan, todos al compás del tap. El gran número de Agüero en este arte se desarrolla en "El títere", donde exhibe la perfección de su danza, su exquisita sensibilidad como mimo, al tiempo que con sus manos genera un acto con títeres de guante. Una pieza para alegrar corazones y espíritu.

Silvia Gsell