Mágica creación teatral en una obra de Alberto Agüero
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LA CAPITAL del Verano
Mar del Plata, sábado 17 de enero de 1987

Una escena de "El circo", la obra de Alberto Agüero que se está presentando en el Teatro Alberdi de nuestra ciudad.
Entre los espectáculos de jerarquía que se anuncian en la cartelera teatral marplatense, ocupa un lugar privilegiado por merecimientos propios y refulgentes el que Alberto Agüero presenta en el Alberdi con el título de "El circo". La Compañía de Mimo y Zapateo de este prestigioso creador, a quien con justicia se distinguiera con el premio Molière por esta creación, propone un espectáculo coreográfico musical donde la fantasía y la imaginación reemplazan con elocuencia a los parlamentos hablados, poniendo de manifiesto una vez más que el universal lenguaje corporal es suficiente para transmitir cualquier idea.
En este circo, el modesto utilero, testigo silencioso de la magia trashumante del espectáculo, es visitado por un mago que lo transforma en payaso. La mutación, aunque sorprendente, lo obligará a confrontar la bondad de su personaje con los sentimientos aviesos de otros integrantes de la troupe. Como una demostración de que los valores no son permanentes, Agüero plantea aquí la eterna lucha binaria del bien y del mal, una y otra cualidad vestida con el disfraz circunstancial que proporciona asumir personajes de ficción que, detrás de las máscaras, esconden sentimientos humanos. El payaso se enamorará de la estrella del show, deberá resistir el acoso de la bruja y en definitiva asumir que el mundo férico con que alguna vez soñó de las luces y los aplausos sólo se sostiene con las endebles estructuras de la fantasía y la ilusión.
Alberto Agüero logró dar vida a toda esa magia del circo con un notable sentido del espectáculo. Creando un clima felliniano que se apoya en la música de Nino Rota, imaginando situaciones, mostrando una galería de personajes multicolores, comunicando a la platea un sinfín de sensaciones irreales a través del baile, el zapateo de "tap" o la mímica. Todo responde a una inteligente elaboración, pero tiene el encanto de parecer real, fresco, regocijante y a ratos emotivo.
"El circo", que un día por semana convocaba a los amantes de las buenas expresiones artísticas, no es un espectáculo común. No estará revestido de nombres restallantes de la marquesina, pero detrás de Alberto Agüero -un hombre cuyo amor por lo que hace no lo alejó del escenario a pesar de una delicada operación cardiovascular- se advierte el trabajo de un equipo que más allá de lo profesional se ha integrado al mundo de fantasía que cada noche pretende recrear. El entusiasmo de este cronista no es más que una adhesión a otros juicios de valor más autorizados por cierto que volcara la crítica capitalina en su momento. Sólo pretende destacar que casi silenciosamente se trasladaron a Mar del Plata para recrear cada noche el mundo de ilusión de los magos, los payasos, los equilibristas o los domadores, como una forma de encantamiento colectivo, y para sugerir la metáfora de que la vida real es como un enorme circo, con su simulación, sus intrigas, con sueños que se desvanecen, fantasías que se reiteran cada día, malos y buenos, personajes queribles o merecedores del rechazo popular.
Hay en todo esto y porque al género lo requiere, un esforzado esfuerzo de producción técnica donde juegan con peso propio los efectos lumínicos, la compaginación musical, las cortinas de humo, el estruendo fulgurante del magnesio, el despliegue del vestuario. Todo ello rodeado de una aureola de ensoñación, con un halo de mágico encantamiento capaz de transportar a la platea a ese mundo de fantasía para compartir con cada uno de los personajes las mil anécdotas que rodean nuestra existencia cotidiana, que en un estado más terrenal, son como esos trucos de prestidigitador que nos permiten asomarnos, por algunos momentos, a la idea de que con un golpe de bastón en la galera pueden concretarse nuestros más íntimos deseos.
La gente de Alberto Agüero integra un equipo de trabajo sobresaliente, donde se destacan nombres como Mónica Povoli, Miguel Mancusso, la diminuta Mirtha Fuentes y Mónica Calabró, sin que ello signifique dejar de reconocer que cada uno de ellos suma su talento y profesionalidad para dar vida cada noche a esta hermosa fábula teatral que no merece irse de Mar del Plata sin el reconocimiento de los espectadores.
J.B.