Una imagen felliniana en la belleza del circo de Agüero
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EL DÍA La Plata, Lunes 13 de junio de 1988
No debe pensarse en un circo convencional, con acróbatas, payasos, ilusionistas y domadoras. Quien vaya a ver al circo de Alberto Agüero se hallará frente a una manifestación llena de colorido y de humor, y hasta dotada incluso de momentos de belleza visual, que promueven un grato movimiento del ánimo.
Sobre idea, coreografía y dirección del propio Alberto Agüero el espectáculo, dividido en una serie de 16 cuadros, y que se realiza en el Coliseo Podestá, posee como elementos fundamentales la mímica experimentada en muy alto nivel, y eso que llamamos zapateo americano (“tap”), del que se brindan demostraciones de singular justeza y disciplina, como base de una comunicativa gracia.
Alberto Agüero, a la cabeza de la interpretación, es un mimo de primerísima agua, cuya actuación se caracteriza por un inusitado grado de expresividad y gráfica elocuencia. Lo rodean, en su especialidad, excelentes colaboradores que, cada uno a su turno, demuestran su habilidad y su profesionalismo. Durante la función no se oye ni una sola palabra: todo es mímica, baile y música.
La presentación inicial de la compañía en pleno proporciona el anticipo elocuente de una valía general. A partir de allí viene la decantación de valores, en números que acusan ingenio y un fino sentido de la comicidad. De entrada, y entre nubes de humo artificial y algunos otros efectos, se impone Alberto Agüero con una lograda muestra de sus habilidades. En cuanto al zapateo de presentación del elenco, constituye una notable demostración de capacidad y de preparación esmerada, mientras que, instantes después, Mónica Povoli, en lo individual, suministra, bajo el título precisamente de “Solo en tap”, un ejemplo de soltura y de técnica nada común.
Sin duda alguna, la máxima atracción, en lo que a la pantomima se refiere, se debe a Alberto Agüero, con su creación excepcional de “Strep tease”, y también, a renglón seguido, en “Una simple historia de amor”, en este último caso en colaboración con Mónica Povoli y elenco. Como manifestación exultante, ya sobre la despedida, “Tap de la alegría”, por todo el plantel, impone un contagioso toque de dinamismo jubiloso.
El espectáculo se enaltece con motivos musicales de Nino Rotta, sobre todo de las películas “La strada” y “El circo”, que transparentan en el devenir, de los diferentes cuadros una cierta imagen feiliniana, perceptible sobre todo en la sabia alternación de la perfección con el caos que forma parte fundamental del lenguaje realizador del famoso cineasta italiano. Pero también se halla presente Broadway, en sus años de oro, a través del zapateo y de modo especial en el “Tap de la alegría”, por toda la agrupación, con la pegadiza melodía de “Cantando bajo lluvia”, a la cual tanto se la vincula con Gene Kelly, cuando en realidad se remonta a los años 30, en los tiempos en que, recién advenida la pantalla sonora, Hollywood lanzaba sus primeras producciones musicales.
El conjunto de Alberto Agüero, que cuenta con vestuario de Alberto Tarditi, iluminación de Francisco Poletti y compaginación musical de Víctor Tela, más que un circo constituye la exquisitez del circo, que sobre interesar, llega también a cautivar.
Eduardo Atencio